"Me comí un pan dulce y no puedo con la culpa". "Me fumé un cigarro y no sabes la culpa que tengo". "Me compré una blusa y buenoooo... traigo un cargo de conciencia". Y como esas cuántas frases cliché llenamos nuestro día a día. Pero ojalá nuestras culpas se redujeran sólo a la cantidad extra de calorías ingeridas, a los vicios y a las compras complusivas.
Para esta entrada no utilizaré las iniciales de nadie. ¿Por qué? Porque la culpa es un tema que no sólo nos hiere a nosotras mismos, sino a los que nos aman también. La culpa, desgraciadamente, nos coloca una careta tan horrible y tan parecida a la realidad frente a los demás que llega un momento en que terminamos por asumirnos así: como mujeres culpables. ¿De qué? Ya no importa !! Sólo sabemos que somos culpables y que tenemos que pagarlo muy caro.
La culpa. Esa cosa que nos hace aguantar a una pareja y buscamos una justificación, la que sea, con tal de no lastimarlo. Esa cosa que nos hace aguantar los malos tratos de un@ jef@ porque sentimos que algo hicimos mal y tenemos que "asumir" las consecuencias de nuestros actos. Esa cosa que nos hace buscar amor en donde ya hay alguien más sólo porque pensamos que para nosotras no hay otra opción. Esa cosa que nos relega a tal grado que anulamos nuestros deseos y bailamos al son que nos toque la otra persona. "Porque somos muy chingonas y aguantamos lo que sea".
Hace poco platicaba con una gran amiga y entre confesiones le dije: "Sabes a mí qué me produce mucha culpa ? El sexo". Ella me miró con sus increíbles ojos y me respondió: Cómo puede una mujer tan sensual sentir culpa por lo que es ?" Fue justo en ese momento que me dí cuenta de tantas cosas. ¿Culpa? ¿Yo? Pero si no he lastimado a alguien con intención, no he matado a nadie ni he secuestrado. Entonces, ¿por qué me siento tan culpable?
A lo largo de mi vida acepté todo tipo de trato, bueno y malo, con tal de que la gente me quisiera. Sí, culpable de ser lo que soy. ¿Qué conseguí? Llenarme de vampiros chupa-energía que al final, cuando poco quedó de mí, salieron de mi vida como llegaron: fácilmente. La culpa por ser inteligente, la culpa por tener lo que tengo, la culpa por ser lo que soy.
No pienso pagar una deuda que yo misma me impuse. No quiero ser maltratada por mi jef@. No voy a cargar con huevas ajenas. No dejaré que alguien me juzgue sin tomarse la molestia de ver qué más hay en mí. No me flagelaré para causar lástima. No, señor... no lo haré. Prefiero tenerme respeto, sentirme orgullosa de lo que hice y de lo que no hice y dejar a un lado esa "humildad" mal entendida.
Dejémonos de teatros (mas no releguemos a la teatralidad de nuestras vidas), olvidémonos del papel de Marga López y seamos quienes somos sin miedos, sin ataduras, sin culpa. Seamos valientes y enfrentemos nuestros actos... pero por favor ! Que eso no nos convierta en víctimas de nosotras mismas. Seamos realistas y lleguemos al final con nuestro esfuerzo. Y si cometimos un error, pues a enmendarlo; pero no nos impongamos castigos que eso de nada servirá.
La culpa, la maldita culpa... por mí, que se vaya a la mierda.
miércoles, 16 de febrero de 2011
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