Una vez mi mamá me dijo: "Hagas lo que hagas siempre terminarás por arrepentirte".
Contrario a lo que mucha gente decide, yo decidí hacer sólo lo que me gusta. Por eso dejé Oaxaca a los 18 años, por eso estudié Letras (una carrera que muchos calificaron de inútil o de hobbie), por eso me dediqué al periodismo, por eso monté mi primer departamento a los 23 años y por eso trabajo por mi cuenta desde hace varios años.
El asunto es que muchas veces hacer lo que te gusta no ayuda de mucho a la hora de pagar las cuentas. La idea romántica de vivir la vida a placer tiene, como todo, sus pros y sus contras. El problema viene cuando comienzas a dudar no sólo de la decisión que tomaste, sino de ti mismo. Me explico.
Tengo más de 8 años de trabajar como reportera independiente; pero no fue sino hasta hace algunos meses que de pronto la gran mayoría de las editoriales para las que trabajé bajo buenos términos decidieron dejarme de pagar. Los motivos: la edición está atrasada, mis clientes no me han liquidado, la empresa quebró, tus recibos se fueron en una partida especial... En fin, pretextos les sobraron al momento de pagarme.
Paradójicamente, esta mala racha económica coincidió con varios reconocimientos hacia mi trabajo. Incluso, uno de mis reportajes entró a concurso en España. Entonces... ¿quién está mal en todo este asunto?
Yo no puedo cambiar la mentalidad de los "pseudo-editores" que nada más están viendo intereses personales y se olvidan de apoyar a sus colaboradores; tampoco puedo cambiar la actitud de algunas empresas sobre cómo tratar a los prestadores de servicios. Aunque... ¿saben qué sí puedo hacer? Cambiar yo. Me vuelvo a explicar.
Antes de tirarme al drama tomé la decisión de amar y respetar mi trabajo. Por eso, seguiré colaborando sólo para aquellos clientes que me paguen a tiempo. Sin embargo, buscaré otro tipo de fuentes de ingreso y me esforzaré por ganarme una beca. Será bueno volver a la universidad, seguir especializándome, conocer y hacer nuevos amigos y tener mis gastos fijos cubiertos. Así, seguiré dedicándome sólo a lo que me gusta.
Quien diga que la vida es sencilla miente. La vida es una mezcla de buenos y malos ratos, de gente buena y culera, de estar arriba y abajo... pero si la vida es la que se encarga de darnos los golpes ¿por qué nos empeñamos en pasarla mal nosotros mismos? Yo, por lo pronto, continuaré dedicando mis días a ser feliz.
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Bravo!!! Y si nadie dijo que fuera fácil, lo portante como bien dices es no dejar de creer en nosotros mismos !!! Un beso!!
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